Lectores
Cuando se leen las Sagradas Escrituras en la Iglesia, Dios mismo habla a su pueblo, y Cristo, presente en su palabra, proclama el Evangelio. Por lo tanto, las lecturas de la Palabra de Dios deben ser escuchadas con reverencia por todos, pues son un elemento de suma importancia en la Liturgia. Si bien en las lecturas de la Sagrada Escritura la Palabra de Dios se dirige a todas las personas de cualquier época y les resulta comprensible, una mayor comprensión y eficacia de la palabra se fomenta, sin embargo, mediante un comentario vivo de la palabra, es decir, mediante la Homilía, como parte de la acción litúrgica. (Instrucción General del Misal Romano [IGMR], n.º 29)
Es necesario que quienes ejercen el ministerio de lector, aunque no hayan recibido la institución, sean verdaderamente idóneos y estén cuidadosamente preparados, para que los fieles desarrollen un amor profundo y vivo por la Sagrada Escritura a partir de la escucha de las lecturas sagradas. Su preparación debe ser sobre todo espiritual, pero también se requiere lo que podríamos llamar una preparación técnica. La preparación espiritual presupone al menos una formación bíblica y litúrgica. El propósito de su formación bíblica es dotar a los lectores de la capacidad de comprender las lecturas en contexto y de percibir, a la luz de la fe, el punto central del mensaje revelado. La formación litúrgica debe capacitar a los lectores para comprender el significado y la estructura de la liturgia de la palabra y la importancia de su conexión con la liturgia eucarística. La preparación técnica debe capacitar a los lectores para la lectura en público, ya sea con la fuerza de su propia voz o con la ayuda de equipos de sonido.
Coordinator: Yunuen Patricio
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